Ir al contenido principal

El cantar de las espadas

 


La espada aguarda en su funda

A cada lado una de las lenguas candentes del acero

Cargada y lista

Como quien no quiere la cosa

Prepara la última estocada

Ahogada por el doble filo de la rabia

Para perforar a la rosa agonizante

Que ante la visión del peligro se deshoja

Y desenfunda la vaina escondida entre sus pétalos.


¿Quién saldrá a su encuentro?

De tragedias contenidas en la pena

Deseosas de hacer el cuento

De como se salvaron en el último segundo

Mutilando tras de sí el porvenir dudoso

Que dibujaban con letras de destino

Mis pasos errantes en la arena

Del desierto traicionado

Presuroso de lucir nuevos estandartes


Chocarán muchas veces las espadas,

Y las chispas que salten

Alumbrarán sin proponérselo

La mañana sombría donde fallaste a tu palabra

Y todavía me faltas alrededor de la cicatriz

Donde el puñal atravesó como esquirlas en el pecho

Para dejar en su recuerdo una herida reacia a sanar

Hasta que te desangres

E inicie la próxima batalla

En la que ya no estaré.


(José Manuel Lapeira Casas)

Imagen: es.dreamstime.com

Comentarios

Entradas populares de este blog

Romance de la niña triste

Pensando en Raúl Ferrer... (Voy a aprender a escribir/ guajirita desdeñosa/para ponerte una cosa/que me da pena decir. / Qué doloroso sentir/  que llevo dentro un jilguero/ cantándome: —Compañero,/ toma lápiz y papel/ y escribe: “Guajira cruel,/ si no me quieres me muero”). Niña es la niña no inscrita En historietas de hadas. Niña se monta en el viento Y corre como las balas... Niña vive y libre vuela Sin necesidad de alas, Niña nada en lo profundo, Cerca de las mantarrayas Y se trepa por las sogas Sin imaginar las llagas Que después le han de salir En sus manos coloradas. Niña que juega a ganar, Va a jugar y solo gana, Niña, sonrisa de niña, Respira hondo y exhala  Niñez preciosa y robusta Que no cabe en una sala. Niña que al pasado mira Mientras al futuro clama Porque el presente se extinga Y le devuelva las alas, Para correr más que nadie, Para vestir batablanca Y sanar a cada niña Que tal cual ella se abata. Niña allá en el horizonte En los gajos de las matas...

A quién le importa cuánto cuesta un ala

De mí se espera mucho: que me mida la pasión, que la regule. Que siga los pasos de quien más suerte tuvo entre los últimos diez o quince o treinta que anduvieron por mis chanclas. Me conocen tanto, que regularmente debo, para saber quién soy, ir a revisar sus ojos y sus lenguas. Allí también, rebobinando un poco, encontrarán ustedes la versión oficial, esa que vale, de las cosas que he hecho: mis motivos, egoísmos, cinismos, fracasos… Casi que pedir permiso tengo para respirar en la siguiente dirección. Y he descubierto que me temen y que, piadosamente, me convidan a tenerme miedo… Dejen en paz al gorrión, que ya él pagará el precio de ignorar migajas por batir libélulas y camaleones. De sobra sabe                          que se juega el ala. Texto: Mario Ernesto Almeida