Ir al contenido principal

Vacío


Por: Laura Seguera Lio

____________

Tanto le insistí que mi amigo me regaló su taza. Una taza blanca, simple, perfecta… profunda y ancha, como para embriagarse de café con leche, como para ahogar las penas en té, como para bañar madrugadas perezosas en energía o arropar noches friolentas con el calor de algún elixir prehispánico. 

Mi amigo que ahora está en territorio de conquistadores, a seis horas de distancia, bebiendo quién sabe qué en quién sabe dónde, mientras yo me inyecto cafeína 100 por ciento nacional, sin leche, sin crema, con azúcar criolla, mediante una taza sueca que, en cuatro letras impresas, declara su pertenencia a la marca de artículos para el hogar más famosa del mundo. Medio mundo nos separa a mi amigo —que no se despidió de nadie antes de irse— y a mí. Aun así, esta cerámica redonda y pulcra fue un regalo de despedida; esta taza que a la vez había sido ya un obsequio y que pareciera condenada a vagar de dueño en dueño, que me fue dada al fin de un ciclo y que en mí termina otro. 

Escribo y se me enfría el contenido que debió ser bebido tiempo ha, a una hora en que no se cuela café en Cuba, y en que seguramente no se piensa en tazas en España. Escribo y pienso que la dejé guardada en un mueble durante meses, expuesta a través de un vidrio, hermosa y disfuncional. Ahora, manchada de surcos oscuros, me cuestiono sobre la belleza permanente de las cosas inútiles y el efímero esplendor de lo usado. ¿Se acordará mi amigo de esta taza? 

Las tazas son, por antonomasia, recipientes vacíos, no deberían contar más que por lo que se les eche. Y, sin embargo, a veces lo que importa es el espacio por llenar.



Comentarios

Entradas populares de este blog

El genio de la multitud

Hay suficiente traición, odio y violencia en el hombre promedio como para proveer cualquier ejército cualquiera de estos días y lo mejor del crimen son aquellos que predican en su contra y lo mejor del odio son aquellos que predican amor y lo mejor de la guerra son finalmente aquellos que predican la paz aquellos que predica a Dios, lo necesitan aquellos que predican la paz no están en paz aquellos que predican amor no son amados cuidado con los predicadores cuidado con los conocedores cuidado con aquellos que siempre están leyendo libros cuidado con aquellos que odian la pobreza  o les enorgullece cuidado con aquellos que elogian de buenas a primeras porque a la vuelta buscan el elogio cuidado con aquellos que censuran de buenas a primera le tienen miedo a lo que desconocen cuidado con aquellos que están en busca de fieles multitudes porque solos no son nada cuidado con el hombre promedio con la mujer promedio cuidado con su amor, pues su amor es promedio  persigue lo promedi...

Romance de la niña triste

Pensando en Raúl Ferrer... (Voy a aprender a escribir/ guajirita desdeñosa/para ponerte una cosa/que me da pena decir. / Qué doloroso sentir/  que llevo dentro un jilguero/ cantándome: —Compañero,/ toma lápiz y papel/ y escribe: “Guajira cruel,/ si no me quieres me muero”). Niña es la niña no inscrita En historietas de hadas. Niña se monta en el viento Y corre como las balas... Niña vive y libre vuela Sin necesidad de alas, Niña nada en lo profundo, Cerca de las mantarrayas Y se trepa por las sogas Sin imaginar las llagas Que después le han de salir En sus manos coloradas. Niña que juega a ganar, Va a jugar y solo gana, Niña, sonrisa de niña, Respira hondo y exhala  Niñez preciosa y robusta Que no cabe en una sala. Niña que al pasado mira Mientras al futuro clama Porque el presente se extinga Y le devuelva las alas, Para correr más que nadie, Para vestir batablanca Y sanar a cada niña Que tal cual ella se abata. Niña allá en el horizonte En los gajos de las matas...

Canción del amigo

  Poco te recuerdo: Sin embargo, ahora, quiero elevar un canto enorme de palomas y cantar a tu regreso, que presiento durará un tiempo. Dos años ya es mucho, mucho tarda tu retorno. ______ Poema de Javier Heraud                                                                                                    A Degenhart Briegleb,                                                                                                   dégale para algunos   1 Caminamos mucho tiempo juntos, juntos l...