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Nuevo hospital. Diario de un médico cubano en Perú VIII.

Imagen de Chimbote en línea


Por: Mario Héctor Almeida Alfonso

Levantarse temprano en madrugada fría es algo cotidiano para los del primer turno. El ómnibus recorre varios kilómetros atravesando una ciudad costeña, nueva en su conjunto, cuya construcción más alta resulta el edificio del poder judicial, con tan solo ocho pisos. Las características del terreno, arenoso y poco firme, hacen que sea demasiado costoso emprender construcciones mayores, según me comentó hace poco un periodista local.

Luego de rodar más de 30 minutos, un olor fuerte –y por momentos desagradable– a pescado inunda todo el vehículo. Sobre viene una curva, el mar, la bahía, los barcos, el centro hospitalario…  

La bahía de Chimbote es también conocida como El Ferrol. Este nombre ha sido legado por un conjunto islas cercanas llamadas de igual manera, que protegen al accidente geográfico de las grandes olas del Pacifico y fungen también como refugio y hábitat de lobos marinos.

Lo más llamativo para este “Colón moderno” radica en la cantidad de barcos pesqueros de diverso calado que yacen a cierta distancia de la costa. A simple vista no se puede precisar cuántos. Son muchos.

Las aguas mansas, el largo muelle y el importante comercio adonde llegan inmensas capturas en las dos temporadas de pesca anuales, hacen de Chimbote un paraje singular.

Imagen del autor


Estas tierras poseen un aspecto místico. Quizás sea por la Isla Blanca, en uno de los  extremos de la bahía, o por el Cerro de la Juventud, que tiene una ermita en su base y una gran cruz en lo más alto, hasta la cual llegan miles de lugareños en procesión durante los días finales de junio, para celebrar las fiestas del patrón San Pedro o San Pedrito, como algunos dicen.

***

El hospital nos recibe con amabilidad. Durante el primer día cumplimos con todas las formalidades para recomenzar el trabajo: un nuevo test de Covid-19 y un hurra; después de 20 jornadas de lucha dentro de un medio epidemiológico complejo todos estamos libres del virus. 

El inmueble no es una edificación imponente de las que sobresalen por sus encantos arquitectónicos, pero el ambiente es bueno, prima la limpieza, el sentido común y la camaradería. Agradecen nuestra modesta ayuda y nosotros la forma en que nos acogen.

Sala de emergencias… Me le uno al doctor Alain, internista cubano que está trabajando aquí desde hace unos días.  En pocos minutos nos ponemos al corriente de la gravedad de los casos y juntos comenzamos a laborar.

Es agotador pero energizante. Cada paciente necesita toda la atención posible. Se trata de un campo de batalla conocido, donde podemos aplicar la sapiencia acumulada. Desarrollamos procederes complejos, trabajamos en equipo y todo corre sin contratiempos. Al final del día estamos felices… sin fallecidos.

***

El servicio de enfermería es excelente. Lescay, el joven holguinero licenciado en esa rama, trabajó su primer turno con profesionalidad junto a sus homólogos andinos. Una enfermera peruana sobresale por la destreza y el dinamismo, algo sumamente importante cuando de pacientes críticos o graves se trata. 

El doctor Lino –pediatra– volvió a poner bien alto el listón: su diagnóstico clínico y su confirmación ecográfica lo llevaron a descubrir en un neonato de 26 días, con un cuadro clínico de insuficiencia cardiaca, una triple malformación en el órgano diana de tantos bardos. 

Una comunicación interauricular (CIA), otra interventricular (CIV) subaórtica,  una persistencia del conducto arterioso (PCA) y la  dilatación  biventricular moderada ponían  en jaque la vida del pequeño. Se necesitó coordinar con cardiólogos pediátricos que, desde Lima, en video conferencia, fueron informados de la situación. Finalmente, el niño pudo ser trasladado a la capital para una nueva valoración y definitiva conducta. 

¿Qué pasará con este hombrecito? Aún  no lo sabemos, le queda un largo camino por recorrer y muchas batallas por ganar. Pero confiamos en que con el esfuerzo común podrá lograrlo… adelante, campeón.

 Publicado en Cubahora

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